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La desinformación durante la pandemia: ¿quién tiene la culpa?

La pandemia de COVID-19 ha cambiado nuestras vidas de formas inimaginables. Desde el aislamiento social hasta la pérdida de seres queridos, la enfermedad ha afectado a todos de una u otra manera. Sin embargo, también hemos sido bombardeados con información confusa y contradictoria desde el principio. Y en muchos casos, la fuente de esta información errónea ha sido el propio gobierno de los Estados Unidos.


Desde el comienzo de la pandemia, el gobierno de los Estados Unidos ha propagado una serie de afirmaciones falsas sobre el COVID-19. Algunas de las más destacadas incluyen la idea de que el virus se propagaba a través de superficies, que la inmunidad de la vacuna era mucho mayor que la inmunidad natural y que las mascarillas eran efectivas.


Pero ahora, gracias a la revisión Cochrane, tenemos la evidencia definitiva de que estas afirmaciones son falsas. Cochrane es el cuerpo de evidencia más autorizado en toda la medicina y lo ha sido durante décadas. Por lo tanto, deberíamos prestar atención cuando afirman que las mascarillas son efectivas y que la inmunidad natural es tan buena como la inmunidad de la vacuna.


Sin embargo, muchas personas deben ignorar esta evidencia, prefiriendo creer en las afirmaciones falsas del gobierno de los Estados Unidos. Y esto ha llevado a consecuencias graves. La sustentación de que la inmunidad de la vacuna es mucho mayor que la inmunidad natural ha llevado a la promoción de dosis de refuerzo en personas jóvenes y saludables. Pero los datos nunca estuvieron ahí. Es por eso que los CDC nunca revelaron las tasas de hospitalización entre los estadounidenses con refuerzos menores de 50 años.


Los CDC han publicado sus propios estudios defectuosos, como su estudio sobre la inmunidad natural, que solo se centró en un estado durante dos meses cuando tenían datos de todos los 50 estados durante años. ¿Por qué solo información sobre un fragmento de datos? ¿Por qué cortaron la enorme base de datos en rodajas? Porque les dio el resultado que querían.


Este tipo de manejo de datos es inaceptable en cualquier contexto, pero es especialmente peligroso durante una pandemia. Como sociedad, debemos poder confiar en nuestros funcionarios de salud pública para proporcionarnos información precisa y basada en la evidencia. Cuando la información es manipulada para obtener resultados políticos o financieros, todos corremos un mayor riesgo.


La manipulación de datos no es el único problema con la forma en que el gobierno de los Estados Unidos ha manejado la pandemia. También han sido críticos por su promoción de las dosis de refuerzo en personas jóvenes y saludables, a pesar de que los datos nunca respaldaron esta medida. Esto llevó a la renuncia de dos de los principales expertos en vacunas de la FDA en protesta.


Pero tal vez el mayor problema es la creación de los llamados "nunca vacunados". La promoción de vacunas obligatorias, en lugar de aumentar las tasas de vacunación, ha llevado a algunas personas a rechazar completamente las vacunas. Esto es especialmente preocupante en el caso de las vacunas infantiles, ya que la negativa a vacunarse puede poner en peligro a los niños y a la comunidad en general.


En resumen, la desinformación durante la pandemia ha sido un problema grave y persistente. Aunque Cochrane y otros organismos de evidencia han proporcionado información clara y precisa sobre la eficacia de las mascarillas y la inmunidad natural, muchas personas demostraron ignorar esta evidencia en favor de las afirmaciones errores del gobierno de los Estados Unidos. Además, la manipulación de datos y la promoción de dosis de refuerzo en personas jóvenes y saludables han sido criticadas por expertos en salud pública y han llevado a la renuncia de algunos de los principales expertos en vacunas de la FDA.


Es hora de que el gobierno de los Estados Unidos y otros organismos de salud públicos tomen medidas concretas para abordar la desinformación y la manipulación de datos durante la pandemia. Esto incluye proporcionar información clara y precisa basada en la evidencia, trabajar para reconstruir la confianza pública y abordar las pruebas legítimas de las personas sobre la seguridad y eficacia de las vacunas. Solo entonces podremos avanzar juntos y proteger a nuestra comunidad en la lucha contra esta pandemia.



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