EL HOMBRE POSTORGANICO

Me decía el otro día un ingeniero de una empresa muy relevante q la tecnología siempre va por delante del derecho. Yo le contestaba q nada va por delante del derecho. Por delante de la ley, sí. Por delante del derecho, no.


Al hablar de IA y de la experiencia del gemelo digital para conseguir una mayor eficacia en la gestión industrial, se apeló a un vacío normativo. Estamos en tierra de nadie y eso es un problema, decían los compañeros congregados en la jornada.


La cuestión es q eso no es así. Nada escapa al derecho pq el derecho es orden concreto de una relación q se produce conforme a una pauta, q en este caso, tiene una finalidad y un fin concreto.


El derecho hace de fuente y fundamento. La ley, de regulación y forma de resolución de conflictos de intereses.


En estos días, una máquina con inteligencia artificial profunda ha lesionado el dedo de un competidor humano jugando al ajedrez porque el humano se saltó una de las jugadas y la máquina reaccionó aplastando uno de sus dedos. ¿Hay alguna ley que impida que una máquina aplaste un dedo a un humano que juega al ajedrez y que se salta una jugada? Evidentemente no. Pero, ¿a que todo el mundo ha sentido un reproche por esa acción de la máquina? Pues ese reproche proviene del derecho. Ese orden concreto, justo y adecuado está ahí, aunque no se vea y el legislador no lo haya formalizado todavía.


La imagen del menor con el dedo atrapado, dando tirones frente a un armatoste robótico impasible, tira por tierra muchos mitos. El primero, el de “the end of lawyer” y otros similares. Ninguna máquina reemplazará a la persona, y menos a lo que nos hace humanos. Solo reemplazará acciones ineficientes. Actos reiterados que dibujan un patrón de comportamientos con resultado tendente a 0.


La máquina no sabe lo que debe ser. Solo sabe lo que es. Por eso se limita a ejecutar pero no valora ni discreciona. Y por eso es tan importante el derecho -no solo la ley- porque es el sustrato que determina si una específica acción no cumple con un orden concretado por un hecho dado.


Una máquina ganó a Kasparov al ajedrez. Una máquina ganó al campeón mundial de AlphaGo. Ninguna de esas máquinas disfrutaron de su triunfo. Ninguna se alegró, ni se sintió con ganas de seguir aprendiendo. Simplemente ejecutaron ecuaciones numéricas a una velocidad a la q un humano le era imposible llegar.


Estamos empeñados en q las máquinas nos reemplacen. Somos la única especie que persigue ese fin. No aprovechamos la técnica ni su razón -de ahí deriva la tecnología- para potenciar cualidades humanas. Sino para reemplazar manos y dedos por silicio, que pretende simular neuronas y sinapsis.


Un nuevo tipo de hombre vendrá, pronostican. El “hombre postorganico”, haciendo uso del título del libro de Paula Sibila. “La tecnología ha ocupado el centro del alma de la persona. Nadie cree en Dios. Pero todos creen en los poderes de la tecnología”.


Pero el derecho siempre estará. Aunque algunos no sepan mirar.




36 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo