EN BUSCA DE LA LEGITIMAD PERDIDA


En un momento donde todo se vive de manera farisaica: el BCE acuerda la mayor subida de tipos de interés de sus historia haciendo temblar y sufrir a quienes sobreviven del crédito pero sigue comprando a saco deuda pública; se está a las puertas de un ocaso bélico buscado, pero se sigue haciendo negocio gasístico y energético con el malvado ruso; se vociferan los valores europeístas (solidaridad, fraternidad y libertad) pero Francia se opone abyectamente a la construcción de un gaseoducto entre Alemania y España (Midcat), por puros intereses comerciales; el debate sobre la coherencia, congruencia y la legitimad de las decisiones y acciones se tornan tostones televisivos de media tarde.


Uno de estos tostones es el serial de nuestro CGPJ. Un serial q seria de humor si no diera pena.


Que España es un Estado de partidos es una cuestión científica q nadie lo discute. Tanto como decir q el sol brilla durante el día y la luna durante la noche.


Su consecuencia inmediata es la oligarquízacion partidistas de todos los órganos constitucionales. O lo q es lo mismo: el reparto de sillones estatales con un claro interés faccionario. El CGPJ como órgano político no se libra lo mas mínimo de esta aseveración.


El problema q padece este órgano de gobierno -como el TC- es q su legitimidad no se halla en su potestad sino en su autoridad (moral). “Es fuerte porque es una autoridad, pero no es una autoridad porque es fuerte” (Cicerón). Son instituciones cuya rectitud ejemplarizante se basa “en su estar y saber socialmente relevante” (Alvaro D’ors). No poseen fuerza sino moral. Carecen de potestad pq se lo compensa su “auctoritas”. Se mantienen vigentes por el peso del respeto a quienes representan “el pluralismo judicial como reflejo de una sociedad plural” (SSTC 47/1986, 108/1986).


El problema de toda oligarquización es que, siempre, todo queda prisionero de los jefes decisores. La oligarquía se impone y sobrepone a la democracia. El Pericles ateniense se intentó imponer a Arquidamo espartano y no pudo. Fue Aristóteles quien clavó el último estoque “al gobierno de todos”, la democracia como demagogia. Desde entonces la democracia material no es el gobierno de todos por muchos, sino el gobierno de muchos por unos pocos.


Lo único q mantiene a la oligarquización es el consenso. Y el consenso sólo se rompe mediante la legitimidad democrática. Haciendo q lo fuerte sea justo y que lo justo sea fuerte. Y para eso la institución debe legitimarse desde dentro y eso empieza por la renuncia de su Presidente. El acto de renuncia que haga Lesmes deslegitimará la continuidad torcida de una institución sin autoridad, sin cabeza, pero además desautorizará a la oligarquización q tiene prisionera a la institución.


El presidente podrá ser sustituido, pero el acto de deslegitimación q provoca, debilita hasta la raíz la institución y pone en evidencia inmoral a quienes poseen la llave de la renovación del CGPJ.


Sr. Lesmes, no tarde.

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